
Mi abuelo, como tantos abuelos, guardaba una moneda de oro debajo del colchón. Ahí estaba, valiosísima, durmiendo en la oscuridad noche tras noche, y ahí se quedaba: no compró pan con ella, ni arregló el tejado, ni pagó un médico. Valía muchísimo y no servía para nada, porque el oro que nadie ve es oro que no trabaja.
Me acuerdo de esa moneda cada vez que conozco a un profesional buenísimo del que no ha oído hablar casi nadie, y me pasa más de lo que crees. Gente que sabe hacer su trabajo como pocos, con años de oficio encima y una experiencia que no se compra. Auténticas monedas de oro, escondidas debajo del colchón.
¿Por qué se esconden? No por falta de valía, sino todo lo contrario. Se esconden porque son buenos de verdad, y quien es bueno de verdad sabe todo lo que aún le falta, ve el tamaño real de su oficio y por eso le da pudor ponerse por delante. Mientras tanto, el que sabe la mitad habla el doble, con una seguridad que al experto le daría vergüenza fingir. Y así se arma el mundo al revés, con el que menos sabe mostrándose el que más y el que más sabe callado en un rincón
A todo eso le sumamos una vieja idea que llevamos dentro casi sin darnos cuenta, la de que mostrarse es de presumidos y que hablar de lo que uno hace bien es de mal gusto. Así que preferimos quedarnos en la sombra, esperando que alguien nos descubra, antes que arriesgarnos a que nos tomen por vanidosos.
Pero déjame darle la vuelta, porque creo que lo tenemos torcido.
Cuando alguien que te necesita no te encuentra, pierde: se conforma con alguien peor y con un resultado a medias, no porque tú no existieras, sino porque estabas debajo del colchón. Visto así, mostrarse no es presumir, es ponérselo fácil a quien te está buscando. Lo vanidoso, si acaso, es lo otro: guardarte por comodidad y dejar a los demás sin lo que sabes darles.
No hay fórmula mágica para esto, y desconfía de quien te la venda, pero sí hay una certeza: esconderse no es un destino, es una costumbre, y las costumbres se cambian. No hace falta que grites más que nadie ni que te conviertas en quien no eres; basta con sacar la moneda del colchón y dejar que se vea, con tu propia voz y a tu propio ritmo.
Porque puedes ser oro puro, pero el oro guardado no compra pan. Y sería una pena que lo que mejor sabes hacer se quedara ahí abajo, brillando para nadie.
Clerefe
Acompaño a profesionales que son muy buenos en lo suyo a que se les note, para que dejen de ser el secreto mejor guardado de su sector. Escribo sobre marca, visibilidad y todo eso que nadie nos enseñó a contar.
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